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@RACR@
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Fernando, aquel hombre de pectorales grandes, abdomen envidiable y rostro angelical. Sus ojos, azules como un zafiro, nariz respingada, labios delgados y carnosos; y su cabello, cómo el oro. Aquel hombre de estatura europea, todos los días al levantarse, dirigiéndose a un espejo ubicado en el dormitorio, parado, desnudo frente a él, admirando su beldad corporal. En medio de tanta belleza su corazón guardaba uno de las peores doctrinas del ser humano, el egoísmo. Lo único que le importaba en la vida era esa belleza dada por el esculpir de la naturaleza. Él, enviudando muy joven quedó a cargo de cinco hijos. Por estar contemplando su perfección ante espejos se olvidaba que en su vida giraban en entorno a aquellos vástagos. Por no tener tiempo para ellos decidió mandarlos a un internado. Pasó el tiempo, Fernando cada día se paraba frente aquel espejo y veía como el tiempo iba deteriorando su cuerpo. Su cabello, ya se tornaba color plata, sus parpados caídos, su rostro y cuerpo lleno de arrugas. |
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